Te venden espiritualidad de moda y fachada, retiros de yoga prefabricados y una versión de la India tan filtrada que resulta irreconocible.
Tanto, como los de la foto que ves aquí, que no sabemos si son monos con teléfonos o personas.
Te mantienen en una burbuja, cómodo pero anestesiado, y te pierdes lo más importante: la conexión real con su cultura, su gente y su gastronomía.
Te estás perdiendo la India de verdad.